La forma más común en que una compañía extranjera adquiere un problema argentino caro no es un mal contrato ni una inversión fallida. Es contratar como autónomo a alguien que, en derecho, es empleado.
El arreglo suele empezar de manera sensata: la compañía quiere presencia en la Argentina antes de comprometerse con una sociedad, o quiere flexibilidad, o le dijeron que contratar a un monotributista es práctica habitual. Lo es. Y también es, en una proporción nada menor de los casos, una relación de trabajo con una factura abrochada adelante.


