Las cláusulas esenciales son la identificación precisa de las partes, el objeto del contrato, el precio y la forma de pago, y el plazo de vigencia. Pero las que realmente protegen el negocio son las de gestión de riesgo: resolución por incumplimiento, penalidades, limitación de responsabilidad, confidencialidad, ley aplicable y jurisdicción, y mecanismo de resolución de conflictos (mediación, arbitraje o tribunales). Un contrato sin estas cláusulas funciona mientras todo va bien y falla justo cuando más se lo necesita.